La habrían desarrollado la CIA y la KGB
El reciente homicidio del diputado y general rebelde ruso Lev Rojlin, cometido por su esposa Tamara, estremeció a toda Rusia y provocó infinidad de preguntas que hoy en día están sin respuesta.
¿Por qué
Entre las muchas versiones que circulan hay una que parece ajustarse a la verdad: la esposa del general actuó bajo la influencia de aparatos psicotrónicos y, por un corto plazo, se convirtió en un biorrobot, en una especie de zombie.
Algunos testigos recuerdan que un día antes de la tragedia, en el bosque que se halla frente a la casa de campo del general, unas personas colocaron unos raros aparatos y observaban con binoculares la residencia. Al día siguiente y en ese mismo bosque, encontraron tres cadáveres de individuos semiquemados. Por lo visto, a los ejecutores de esta operación secreta los eliminaron inmediatamente después de haber cumplido su misión.
Estos métodos de influenciar a distancia el intelecto y la psique humana lleva más de 20 de ser utilizada en el mundo, afirman los científicos rusos Grigiri Gurtovoy e Igor Vinokurov quienes acaban de publicar un libro de testimonios con un título muy llamativo: La guerra psicotrónica.
Hasta ahora conocemos los procedimientos de tres tipos de guerras mundiales: atómica, química y biológica. La atómica hubiera podido convertir nuestro planeta en un desierto radiactivo y, después, en un enorme glaciar. La química, que se considera más "humana", pues acaba con animales y seres humanos al mismo tiempo, pero respeta a las plantas, que seguirían existiendo. La biológica es aún más selectiva: hasta los animales sobrevivirían. Solamente acabarían con el Homo sapiens como especie.
El concepto de guerra psicotrónica, o bioelectrónica, apareció hace 20 años. Esta no va a matar a nadie. Unicamente convertirá a los seres humanos en zombies, en cadáveres vivientes que, sin pensar, cumplirán sin protestar las órdenes emitidas por sus dueños.
Los primeros en dar la señal de alarma fueron periodistas norteamericanos después del suicidio colectivo de 911 personas el 18 de noviembre de 1978 en la jungla de la Guyana.
Tras años de investigación, los reporteros determinaron que los miembros de la secta religiosa Templo Popular fueron víctimas del programa secreto de la CIA denominado MK-Ultra, es decir, el control sobre la conciencia y psique humana.
El objetivo de este primer experimento masivo fue programar a muche-dumbres para que se suiciden o realicen homicidios y convertirlos en zombies obedientes.
La palabra zombie llegó de Africa y significa "muerto viviente". Después de la Segunda Guerra Mundial, agentes de la CIA instalados en Africa informaron que en algunas tribus del continente los chamanes usaban la hipnosis y plantas alucinógenas para convertir en esclavos a prisioneros de guerra.
Así, en la inteligencia norteamericana surgió la idea de formar agentes secretos ideales, quienes sin pensarlo pudieran cumplir cualquier tarea, cualesquiera orden de sus jefes y después suicidarse. Los centros de preparación de los primeros zombies aparecieron a finales de los años 50 en América del Sur, Africa y sudeste de Asia.
Uno de los primeros conejillos de Indias fue Luis Angel Castillo, agente de la CIA en Filipinas, quien el 2 de noviembre de 1967 fue detenido en Manila y acusado de preparar un complot para asesinar al presidente Ferdinand Marcos.
Durante los interrogatorios, el juez prestó especial atención a la conducta extraña del acusado e invitó a un psicólogo para hipnotizar al preso. El agente Castillo confesó que hacia cuatro años iba a tomar parte en un homicidio muy famoso. Había sido programado para asesinar a un señor que viajaba en un coche abierto en la ciudad de Dallas. No sabía el nombre de esa persona, pero pensaba que se trataba del presidente John Kennedy, quien fue victimado en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963. Dijo que no tuvo tiempo para disparar, pero cuando se disponía a hacerlo, alguien llegó corriendo a la azotea, gritando: "¡Ellos ya acabaron con él!". En un coche, al agente Castillo alguien lo inyectó y se durmió.
Según el hipnotizador, este biorrobot reunía cuatro distintas personalidades: zombi 1, llamado Luis Angel Castillo, programado para asesinar al presidente de Filipinas; zombi 2, de nombre Manuel Ramírez, programado para matar al presidente Kennedy; zombi 3, de nombre Elorriaga, quien se preparó en la escuela especial de la CIA, y zombie 4, programado para suicidarse. Tenía no sólo cuatro distintos nombres y biografías, sino distintos caracteres y modos de ser.
Al regresar a Estados Unidos, a finales de los años 70, desmintió todas sus confesiones hechas en Filipinas y desapareció del escenario. Aun sus familiares jamás han sabido qué pasó con él.
Según científicos rusos, la CIA continúa realizando experimentos secretos sobre el cerebro humano. Hasta ahora el laboratorio neurosiquiátrico de San Diego, California, sigue preparando a biorrobots para matar.
Los expertos están convencidos que Estados Unidos, a lo largo de los últimos 15 años, no ha dejado de llevar a cabo la guerra psicotrónica contra Rusia, obligando a sus líderes a realizar actos que no tienen lógica ni sentido común. De acuerdo a datos no oficiales, de tres mil rusos uno está bajo la influencia psicotrónica del sector ruso del Centro del Control Psíquico de Estados Unidos con sede en la ciudad de Springfield, Illinois.
La desintegración de la URSS, el derrumbe económico de Rusia, la avería en la central atómica de Chernobyl y muchas otras tragedias y angustias de esta nación postsocialista son el resultado del uso del arma psicotrónica, afirman los investigadores independientes. Por ejemplo, dicen, Mijail Gorbachov está bajo esta influencia siniestra desde 1983 y Boris Yeltsin desde 1989.
Según el vicedirector del Servicio Federal de Contraespionaje de Rusia, Andrey Bykov, la psi-arma son los medios técnicos orientados para dirigir la conciencia e intelecto humano o la psique. La psi-arma usa también tipos desconocidos de energía, campo magnético de alta frecuencia y el ultra o infrasonido.
Contestando a la pregunta de un periodista, el alto funcionario del Servicio Secreto Ruso declaró categóricamente que hoy en día que la psi-arma no existe, ni se produce en el país y no hay planes de producirla en el futuro.
Pero los expertos independientes aseguran todo los contrario. A lo largo de los últimos 30 años, la KGB realizó trabajos y experimentos en esta esfera, paralelamente con la CIA, y logró resultados que se llevaron a cabo entre enfermos mentales, alcohólicos, disidentes y soldados.
Relata una víctima de la psi-arma:
"Tengo 27 años. Hace 7, cuando cumplía el servicio militar obligatorio, una vez escuché en mi cabeza unas voces. Eran órdenes horribles, hasta exigieron suicidarme. Desde entonces, en mi cerebro funciona una especie de computadora y siento una irradiación monstruosa. Mi cuerpo está sobrecargado de electricidad e incluso puedo tocar ningún objeto metálico o estar sobre una alfombra sintética..."
Son miles como la anterior las cartas parecidas que ahora está reuniendo, como testimonios, el Centro de Defensa contra la Influencia Psicotrónica, creado por el periódico moscovita Trud.
Además de estos investigadores independientes, nadie le cree a esta gente. Los declaran locos, mientras que, probablemente, la mayoría de ellos son víctimas del nuevo tipo de arma.
Después de la desintegración de la URSS, los experimentos sobre personas fueron prohibidos. Sin embargo y hasta el momento, el arma psicotrónica --"biogeneradores de la muerte", como le llaman-- ya se difundió ampliamente por toda Rusia. En los años 80 su producción alcanzó hasta mil aparatos al año. Nadie puede garantizar que hoy estos aparatos no sean usados por mafias con fines criminales.
Algunas ejemplares de esta arma psicotrónica se pueden encontrar hasta en el supermercado, asegura el semanario moscovita Argumentos y hechos. Por ejemplo, en la venta de aparatos contra los ratones, el instructivo recomienda usarlos sólo por las noches, en bodegas aisladas, cuando nadie esté trabajando. Estos aparatos son nada más, ni nada menos que los generadores de bajas frecuencias. Los puede usar cualquier canalla o loco que en vez de un ratón piense matar a su suegra o hacer daño a la salud de su socio o rival.